La espera en una estación o en un atasco puede resultar interminable para los niños. Cantar juntos es una manera sencilla de llenar ese tiempo. No hace falta ningún material, ni siquiera buena voz. Basta con elegir una canción que todos conozcan y empezar. En pocos minutos la impaciencia se transforma en risas.
Cómo empezar a cantar
Comienza con canciones cortas y muy conocidas, de esas que los niños saben de memoria. Las canciones con gestos o con partes repetidas funcionan especialmente bien. Los pequeños se animan enseguida a imitar los movimientos. Los mayores pueden encargarse de marcar el ritmo con las palmas. Cada uno encuentra su papel en el grupo.
Alterna las canciones para que nadie se aburra. Puedes cantar una tranquila y después una más animada, según el ánimo del grupo. Cada niño puede elegir una canción a su turno. De ese modo todos participan y nadie se siente excluido. Es una forma amable de compartir gustos entre distintas edades.
También se pueden inventar versiones nuevas. Cambiar una palabra por otra graciosa, o añadir un verso sobre el viaje, causa muchas carcajadas. Los niños adoran modificar lo que ya conocen. Este juego con las palabras desarrolla su imaginación. Además, la letra inventada se convierte en un recuerdo del viaje.
Ten en cuenta el lugar en que estás. En un tren o en una sala de espera, canta en voz baja para no molestar a los demás. Si el grupo es grande, se puede tararear en lugar de cantar. Explica a los niños que el volumen depende del sitio. Aprender a adaptarse al entorno es también una buena lección.
Cuando termine la espera, la música puede continuar en el camino. Una canción compartida crea una sensación de unión que dura mucho. Con los años, muchas familias recuerdan sus canciones de viaje con cariño. Es una tradición sencilla que no cuesta nada. Prueba en el próximo trayecto y verás qué pronto pasa el tiempo.