En un tren, el espacio para el equipaje es limitado, sobre todo cuando se viaja con niños. Si las maletas ocupan todo el compartimento, no queda sitio para estirar las piernas ni para jugar. Además, molestan a los demás viajeros y dificultan el paso. Por eso conviene pensar en el equipaje desde la preparación. Un poco de previsión evita muchos apuros durante el viaje.
Cómo reducir el volumen
Empieza por llevar solo lo necesario. Cada prenda que entra en la maleta ocupa un espacio que luego hace falta. Elige ropa que se pueda combinar entre sí, de modo que con pocas prendas salgan varios conjuntos. Los colores neutros ayudan mucho a lograrlo. Así la maleta será más pequeña y más ligera.
Enrolla la ropa en lugar de doblarla, porque así ocupa menos y se arruga menos. Aprovecha los huecos con calcetines, ropa interior y otras prendas pequeñas. Reparte el peso entre varias bolsas de tamaño mediano, en lugar de una maleta gigante. Estas bolsas se colocan mejor en los estantes y bajo los asientos. Una bolsa por persona suele funcionar bien.
Los niños pueden llevar su propia mochila pequeña con lo que van a usar durante el viaje. Así no hace falta abrir las maletas grandes. Una mochila con un libro, un juguete y algo de comer es suficiente. Los pequeños se sienten importantes al cargar con lo suyo. Además, se acostumbran a cuidar sus cosas.
Coloca el equipaje de forma ordenada al subir al tren. Las maletas grandes van en los estantes o en el hueco previsto, y las bolsas pequeñas, bajo el asiento. Deja libre el paso y las zonas cercanas a las puertas. Así los demás viajeros pueden moverse sin tropiezos. Un equipaje bien colocado deja espacio para descansar.
Antes de bajar, revisa que no se quede nada olvidado. Cuenta las bolsas y pide a los niños que comprueben sus mochilas. Este pequeño ritual evita muchas pérdidas. Si el equipaje es poco, se baja más rápido y sin agobios. Viajar ligero es una de las mejores decisiones que se pueden tomar.